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Autoindulgencia y egoísmo – Orson Welles – Henry Jaglom – Mis almuerzos con Orson Welles

Autoindulgencia y egoísmo - Orson Welles

Orson Welles

«HJ: ¿Te sientes culpable de llevar la vida que llevas en Hollywood cuando hay tantas personas que mueren de hambre en el mundo? […] ¿Se te ha ocurrido pensar que, si fuéramos a África e hiciéramos ciertas cosas, podríamos vernos atrapados, seducidos, obligados a cambiar drásticamente de vida?

OW: Lo pienso todos los días. Y me atormenta. Vivo con ello. Igual que convivo con la idea de la muerte, igual que convivo con la vejez…

HJ: ¿Y qué te dices a ti mismo al respecto?

OW: Bueno, yo no soy como tú. Yo no me juzgo. Yo digo: “Aquí estoy yo, y no voy a África”. Pero no digo: “¿Por qué no te vas a África?”. No discuto conmigo mismo. Porque si lo hiciera, me marcharía. Es el diablillo autoindulgente que hay en mí el que impide ese diálogo.

HJ: Pues yo llevo diciéndome eso desde que tenía diecisiete o dieciocho años, que es la época en que lo sientes de verdad.

OW: Ésa es la voz que debería guiarte. Hace falta toda la presión de la comunidad de nuestros iguales, y toda nuestra autoindulgencia y todo lo demás para silenciar esa voz.

HJ: ¿No te deja perplejo que hagamos tan poco para aliviar todo ese sufrimiento tan inconcebible?

OW: No. Porque no es más que otro aspecto de nuestra esencia de pecadores. Somos pecadores en muchos sentidos.

HJ: Siempre me he negado a creer que tuvieras inclinaciones religiosas, pero lo cierto es que las tienes.

OW: Lo sé. Creo que es más sano pensar en nuestro egoísmo como en un pecado, que es lo que es: un pecado. Aunque ahí afuera no haya otra cosa que un movimiento azaroso de gases y objetos desconocidos, el pecado existe. No hace falta un demonio con rabo y con cuernos. Es la definición social de pecado. Todos aquellos actos que son fruto de la autoindulgencia, y que además son egoístas y nos alejan de nuestra dignidad como seres humanos son un pecado contra lo que somos al nacer, contra nuestras capacidades, contra lo que podría ser este planeta si nos decidiéramos a actuar. Nuestra época en su conjunto cree a pie juntillas que uno puede dejar de sentirse mal consigo mismo si se esfuerza en conseguirlo, aunque para ello tenga que recurrir a un psicoanalista. Hacer así, ¡chas!, y ya está solucionado, ya eres feliz. Pero es que de esa sensación no hay que librarse, hay que ocuparse. Y no hay otra solución para lo que yo entiendo por pecado que hacer algo útil. El confesionario ejerce la misma función que el loquero, pero es más rápido y más barato. Tres avemarías y se acabó. Sólo que yo nunca he sido religioso hasta el punto de creer que un avemaría me pueda salvar.

HJ: El concepto de pecado me resulta muy complicado, porque da por hecho algo que va más allá de nuestra existencia animal, material. En mi opinión, todo es cuestión de impulsos. Y, simplemente, los hay buenos y los hay malos.

OW: Ya, pero somos nosotros los que controlamos esos impulsos. Yo creo en el libre albedrío. Creo que somos dueños de nuestro destino».

Orson Welles

Autoindulgencia y egoísmo

Autoindulgencia y egoísmo

Henry Jaglom
Mis almuerzos con Orson Welles

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