Citas y selecciones

Los alimentos del Yo – Herman Hesse – Siddhartha

Hermann Hesse

Hermann Hesse

“Impasible, en silencio, habíale escuchado Gotama, el hombre perfecto. Después comenzó a hablar con su voz afable y clara:

–¡Oh, hijo de brahmán, escuchaste la doctrina y mucho dicen en tu favor tus profundas reflexiones! Has advertido una laguna, un defecto. Reflexiona todavía, pero en tu ansia de saber cuídate de la intrincada maleza de las Siddharthaopiniones y de las disputas acerca de palabras. Poco importan aquí las opiniones; pueden ser hermosas o feas, prudentes o alocadas, quienquiera las puede aceptar o rechazar. Mas mi doctrina no es una opinión y su objeto no es explicar el mundo a los ávidos de saber, sino completamente otro: liberar al hombre del sufrimiento. ¡Esto es lo que Gotama enseña, y nada más!

–No te enfades conmigo, oh Sublime –dijo el joven–, no ha sido para discutir contigo, ni para provocar una disputa sobre palabras, que te hablé de ese modo. Tienes razón al decir que poco importan las opiniones. Pero permíteme agregar algo más. Ni por un instante dudé de ti, ni por un instante dudé de que fueses Buda, que hubieras alcanzado la meta en pos de la cual se esfuerzan miles de brahmanes. ¡Tú has logrado liberarte de la muerte! Y esta liberación, fruto de tus propias búsquedas sobre tu propio camino, la alcanzaste mediante el pensamiento, la meditación, el conocimiento y la iluminación. No por la doctrina. Y pienso, ¡oh Sublime! que nadie llegará a la liberación merced a una doctrina. A nadie, oh Venerable, podrás comunicar por la palabra y la doctrina tu instante de iluminación. Muchas cosas encierra la doctrina del gran Buda. Muchas cosas enseña: comportarse honestamente, evitar el mal. Pero esta doctrina, tan esclarecida y respetable, no dice el secreto de lo que el Sublime mismo ha vivido, él sólo, entre centenares de miles de seres humanos. Esto es lo que he pensado y discernido al escucharte. Y es también por esta razón que continuaré mis peregrinaciones… no para buscar otra doctrina, pues sé que no existe mejor, sino para alejarme de todas las doctrinas y de todos los maestros. He de alcanzar solo mi objetivo o morir. Pero a menudo, oh Sublime, a menudo recordaré este día, esta hora en que me fue dado contemplar a un santo.

Los ojos calmos de Buda miraron hacia el sol, en tanto su rostro impenetrable brillaba con serenidad perfecta…

–Puedan tus pensamientos –dijo lentamente el Venerable–, no ser errores. Puedas llegar a tu meta. Mas dime: ¿has visto a mis Samanas, a todos mis hermanos que han venido a buscar asilo en mi doctrina? ¿Y crees tú, Samana extranjero, que les convendría dejarla y volver a la vida y a los placeres del mundo?

–¡Lejos de mí tal pensamiento –exclamó Siddharta–; que sigan todos fieles a tu doctrina y logren su meta! No me reconozco el derecho de juzgar sobre la vida de los demás. No tengo opinión más que sobre mí mismo; y soy yo el único a quien corresponde juzgarme, escoger, rehusar. Nosotros los Samanas, oh Sublime, cuanto buscamos es la liberación. Si yo fuera uno de tus discípulos, hombre Venerable, acaso –y es lo que me temo– mi Yo encontraría el reposo y la liberación sólo en apariencia, mientras que, por el contrario, en realidad continuaría viviendo y creciendo. Pues tu doctrina, mis adeptos, mi amor por ti, la existencia común con los monjes habríanse convertido en mi Yo”.

Herman Hesse
Siddhartha

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