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La esclavitud de los negros en el Nuevo Mundo | Marguerite Yourcenar

Marguerite Yourcenar

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“Desde 1501, los españoles introdujeron negros en el archipiélago caribe; unos años más tarde, y por una de las ironías más crueles de la historia, Las Casas, el admirable defensor de las poblaciones indias oprimidas por la conquista española, pidió a Carlos V que permitiese a cada colono establecido en el territorio de la Nueva España la importación de una docena de esclavos negros, para aliviar a los indios condenados a trabajar en las minas. Este hombre vivió lo bastante para arrepentirse de su intervención. Entre 1562 y 1576, el negrero inglés John Hawkins realizó tres viajes fructuosos entre el cabo Mogador y las colonias del Nuevo Mundo. En lo que concierne al territorio de los actuales Estados Unidos, un negrero holandés desembarcó en 1619 por primera vez su mercancía humana en un puerto de lo que era entonces la colonia inglesa de Virginia. A este pobre grupito de veinte negros iban a seguir, en el espacio de los siglos, más de dos millones de hombres, sin contar los innumerables que perecieron en el curso de las capturas, durante las travesías o en el período de adiestramiento, hecho generalmente bajo el mando del propio negrero, es decir, durante el primer año de cautiverio. Los más débiles sucumbían, debido a las espantosas condiciones del viaje, a los malos tratos y a la nostalgia tan intensa entre los pueblos primitivos; los más indómitos terminaban bajo el látigo, pero los beneficios eran, a pesar de todo, bastante considerables para que el mercader pudiese, sin arruinarse, contar con un desecho de casi cincuenta por ciento por cada expedición de mercancía viva”.

Marguerite Yourcenar
“La esclavitud de los negros en el Nuevo Mundo”, Cuadernos N° 96

2 comentarios

  • Susana

    Viendo cómo dejamos morir a los inmigrantes en el Mar Mediterráneo o de frío y hambre en los campamentos, creo que el nivel de crueldad se mantiene constante. Sumo las guerras mundiales y las diseminadas por todo el planeta, las miserias variadas que cada tanto sorprenden y me parece que cambia el contexto pero el fondo de inconsciencia es dolorosamente el mismo.

    • Eso mismo fue parte de lo que me motivó hace tantos años a registrar este pasaje. No sólo por aquellos hechos en particular, sino por tantos otros hechos terribles más o menos diversos en apariencia pero idénticos en sus causas: nuestro estado de conciencia…

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