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Pero de golpe se apagó su mirada – Jean Paul Sartre – La náusea

Jean Paul Sartre

Jean Paul Sartre

“Pero de golpe se apagó su mirada; el cuadro se empañó. ¿Qué quedaba? Ojos ciegos, la boca delgada como una serpiente, y mejillas. Mejillas pálidas y redondas, de niño; se La náuseadesplegaban en la tela. Los empleados de la S.A.B. nunca las habían sospechado; no se demoraban demasiado en el despacho de Parrotin. Al entrar encontraban esa terrible mirada como un muro. Detrás, estaban a cubierto las mejillas, blancas y blandas. ¿Al cabo de cuántos años las había notado su mujer? ¿Dos? ¿Cinco? Me imagino que un día, mientras el marido dormía a su lado y un rayo de luna acariciaba la nariz, o mientras digería penosamente, a la hora del calor, recostado en un sillón, con los ojos entornados y un charco de sol en la barbilla se había atrevido a mirarlo de frente: toda esa carne se le apareció sin defensa, abotargada, babosa, vagamente obscena. Sin duda a partir de entonces Mme. Parrotin asumió el mando”.

Jean Paul Sartre
La náusea

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