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Fijando lo transitorio – Ernesto Sabato – Transitoriedad – Uno y el Universo

Ernesto Sabato

Ernesto Sabato

«Por razones didácticas, pedagógicas, de confort social, el hombre corta el flujo fenoménico que constituye este raro mundo cotidiano en pedazos, que después clasifica, rotula y coloca en estantes; de modo que ese Universo fluyente es curiosamente convertido en una especie de Gran Despensa.

Uno y el UniversoSi este atentado es cometido con una piedra que es colocada en la estantería con el rótulo “espato de Islandia”, permaneceremos más o menos corteses, porque, al final de cuentas, su permanencia es del orden de magnitud de las edades geológicas. Pero si, en cambio, toman un río y le colocan el rótulo “Amazonas”, ya el acontecimiento predispone al mal humor. El Amazonas en que alguien se baña en 1944 no es el mismo que el Amazonas en que esa misma persona se bañó en 1914, tal como lo garantiza Heráclito de Efeso. El problema es doblemente irritante porque no sólo nadie se baña dos veces en el mismo río sino que el río no baña dos veces a nadie. Demostración: el Amazonas no puede bañar dos veces a Pedro por la sencilla razón de que no hay nada que pueda ser designado con el nombre propio “Pedro”: en el mejor de los casos esta palabra se refiere a lo que tiene algunas condiciones de “pedroso” (Cf. Russell, “An Outline of Philosophy”, XXIV). En verdad, es extraño que se considere a un ser humano como algo inalterable e idéntico consigo mismo en el tiempo, a pesar de que crezca, se enferme, aprenda filosofía, se vuelva loco o pierda un brazo en la guerra.

En esta tendencia a encuadernar un código de señales entra el hecho de clasificar a los hombres en filósofos, poetas, sabios, alpinistas o picapedreros.

Supongamos a un alpinista, y hasta aceptemos que es el mejor alpinista del mundo; y ahora imaginémoslo en el momento en que se afeita. ¿Es, en este instante, el mejor alpinista del mundo? Sería caer en los más bochornosos extremos de la manía clasificatoria responder positivamente. Ni siquiera es admisible afirmar que es un alpinista común. En este instante no es ni la décima parte de un alpinista. Para decirlo brutalmente y de una vez por todas: no es alpinista en absoluto.

Pensemos en Sócrates comiendo con su mujer. ¿Es filósofo en esa circunstancia? Me imagino que Bertrand Russell suele decir, candorosamente, como el realista ingenuo más transitable: “Me siento a la mesa”, aniquilando a su propio monismo neutro, que aconseja, para tales ocasiones: “Uno de los sucesos de una cierta serie, causalmente ligados en la forma que constituye la serie total que se llama persona, tiene ciertas relaciones espaciales con respecto a uno de otra serie de sucesos causalmente vinculados entre sí de una manera distinta y que tienen la configuración espacial de la especie denominada mesa” (Op. cit., XXII). Contra esta frase se podrá decir lo que se quiera, pero hay que reconocer que es filosóficamente decorosa y que es una de las pocas que puede proferir en tales circunstancias un pensador».

Ernesto Sabato
De “Transitoriedad”, Uno y el Universo

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