Escritos y lecturas

Soledad | Carlos Mastronardi

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Soledad - Carlos Mastronardi
Carlos Mastronardi

Aspiro el ramillete de los años
Y siento que estoy muerto en cada olvido.
Mis apariencias todas se gastaron
Alguien se iba de mí cada crepúsculo…
En mis tiempos marchitos hubo puertos,
Y pañuelos vehementes se alejaron…
Desconocidas gentes han partido
Del fondo de mi ser ya devastado.
Me quedé en la efusión de cada abrazo
y en los adioses laxos y secretos.
De improviso me vi como un extraño
con mi presencia inexplicable y sola.
Lo ausente habla un idioma que no alcanzo.
Inútilmente dóblanse las tardes…
Nos vamos deshaciendo en los olvidos,
Ya dispersé el recuerdo como un ramo.

Carlos Mastronardi
Soledad

Madre, no me digas – Baldomero Fernández Moreno

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Baldomero Fernández Moreno
Baldomero Fernández Moreno

Madre, no me digas:
-Hijo, quédate…,
cena con nosotros
y duerme después…
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez…

El fracaso del feminismo | Kay Ebeling

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«NUEVA YORK (Newsweek).- Días pasados tuve la cita con un muchacho más corta de mi vida. Un yuppie, importante funcionario de un banco, me sometió a un test de 50 minutos y luego se fue.

Cuando se inició el encuentro suspiró, arrojó su abultada agenda sobre la mesa y comenzó a interrogarme mientras observaba mis reacciones como si fuera una entrevista de trabajo. Después volvió a suspirar y se fue a su siguiente cita. Había concedido a la relación menos de una hora para resolver si había posibilidades de romance.

Redondillas – Sor Juana Inés de la Cruz

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Sor Juana Inés de la Cruz
Sor Juana Inés de la Cruz

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Siete sonetos medicinales | Almafuerte

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Almafuerte
Almafuerte

¡AVANTI!

Si te postran diez veces, te levantas
Otras diez, otras cien, otras quinientas…
No han de ser tus caídas tan violentas
Ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
Asimilan el humus avarientas,
Deglutiendo el rencor de las afrentas
Se formaron los santos y las santas.

Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
Nada más necesita la criatura,
Y en cualquier infeliz se me figura
Que se rompen las garras de la suerte…

¡Todos los incurables tienen cura
Cinco segundos antes de la muerte!

La esclavitud de los negros en el Nuevo Mundo | Marguerite Yourcenar

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Marguerite Yourcenar
Marguerite Yourcenar

“Desde 1501, los españoles introdujeron negros en el archipiélago caribe; unos años más tarde, y por una de las ironías más crueles de la historia, Las Casas, el admirable defensor de las poblaciones indias oprimidas por la conquista española, pidió a Carlos V que permitiese a cada colono establecido en el territorio de la Nueva España la importación de una docena de esclavos negros, para aliviar a los indios condenados a trabajar en las minas. Este hombre vivió lo bastante para arrepentirse de su intervención.

Voy a dormir | Alfonsina Storni

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Alfonsina Storni
Alfonsina Storni

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

VoyADormirDéjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

Alfonsina Storni
«Voy a dormir», Diario La Nación, octubre de 1938

La gracia en el dar | Elsie de Wolfe

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La gracia en el dar | Elsie de Wolfe

La gracia en el dar | Elsie de Wolfe
Elsie de Wolfe

«Sobre una mesa apartada del vestíbulo, había en casa de Sarah Bernard un gran tazón del que, según observé un día, ciertas personas tomaban algo que se guardaban en los bolsillos, cuidando de que no se notara lo que hacían.

Reír llorando | Juan de Dios Peza

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Juan de Dios Peza
Juan de Dios Peza

Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
«Eres el más gracioso de la tierra,
y el más feliz…»
Y el cómico reía.

Víctima del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Divulgación | Ernesto Sabato

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Ernesto Sabato
Ernesto Sabato

“Alguien me pide una explicación de la teoría de Einstein. Con mucho entusiasmo, le hablo de tensores y geodésicas tetradimensionales.

Uno y el universo-No he entendido una sola palabra –me dice, estupefacto.

Reflexiono unos instantes y luego, con menos entusiasmo, le doy un explicación menos técnica, conservando algunas geodésicas, pero haciendo intervenir aviadores y disparos de revólver.