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Yo sabía por Wakefield que el Maestro – Jean Paul Sartre – La náusea

Jean Paul Sartre

Jean Paul Sartre

«[…] yo sabía por Wakefield que el Maestro gustaba, como él mismo decía, de “alumbrar las almas”. Como se mantenía joven, le agradaba rodearse de juventud; recibía con frecuencia a los jóvenes de buena familia que se destinaban a la medicina. Wakefield había estado varias La náuseaveces a almorzar con él. Después de la comida pasaban al salón de fumar. El Jefe trataba como si fueran hombres a esos estudiantes que no estaban aún muy lejos del primer cigarrillo; les  ofrecía cigarros. Se tendía en un diván y hablaba largamente, con los ojos entornados, rodeado por la multitud ávida de sus discípulos. Evocaba recuerdos, contaba anécdotas, deduciendo moralejas picantes y profundas. Y si entre esos jóvenes bien educados había alguno que le hacía frente, Parrotin se interesaba especialmente en él. Lo incitaba a que hablara, lo escuchaba atentamente, le sugería ideas, temas de meditación. Era forzoso que un día el joven lleno de ideas generosas excitado por la hostilidad de los suyos, cansado de pensar solo y contra todos, pidiera al Jefe que lo recibiese a solas; y balbuciente de timidez, le entregaba sus más íntimos pensamientos, sus indignaciones, sus esperanzas. Parrotin lo estrechaba contra su pecho. Decía: “Lo comprendo, lo comprendí desde el primer día”. Conversaba. Parrotin iba lejos, más lejos aun, tan lejos que el muchacho lo seguía a duras penas. Con algunas pláticas por el estilo, podía observarse una sensible mejoría en el joven rebelde. Veía claro en sí mismo, aprendía a conocer los vínculos profundos que lo ligaban a su familia, a su medio; comprendía por fin el papel admirable de la “élite”. Y para terminar como por arte de magia, la oveja descarriada que había seguido a Parrotin paso a paso, se encontraba en el redil, ilustrada, arrepentida. “Ha curado más almas”, concluía Wakefield, “que yo cuerpos”».

Jean Paul Sartre
La náusea

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