Electricidad

Electricidad: es (im)posible de entender | Introducción

Electricidad: tormenta eléctricaAlguien pregunta:

[Optimista]

— Ya que Ud. estudió el tema, reparó aparatos eléctricos, hizo instalaciones y robotitos, ¿podría explicarme qué es la electricidad? Tengo conocimientos de lo que aprendí en el colegio y de algunas lecturas posteriores, pero realmente no la entiendo bien…

Le digo:

— No puedo responderle honestamente, ya que la palabra se usa con diferentes significados para referir realidades tan disímiles como fenómenos, entidades, propiedades y áreas de estudio. Quiero decir que

la palabra electricidad designa “algo” con características contradictorias, incompatibles, imposible de entender.

[Desconfiando]

— Qué raro… ¿Y si para explicarme eligiera uno de los significados? Digamos, el más común…

— Entonces no comprenderá nada cuando se use la palabra con los otros sentidos. Peor aun: usted se irá con la creencia de que entiende “la electricidad”.

— ¿No exagera? ¿No será que lo encuentro en un mal momento y quiere evitarme, intentando convencerme de que el tema es muy complicado?

— No lo descarte, pero también

considere la posibilidad de que realmente hayan complicando el tema muchos libros de divulgación, libros académicos, docentes, documentales, científicos, electricistas, ingenieros electrónicos, etc.

— No creo que sea para tanto. ¿Ud. dice que difieren de tal modo al usar el término “electricidad” que lo han hecho imposible de entender?

— Sí.

— Sigue pareciéndome improbable, pero ¿cuáles son esos significados y usos incompatibles?

[Arrepintiéndome]

— A ver algunos…

  • “Hay una fuerza con la que el ser humano ha logrado realizar trabajo a enormes distancias: la electricidad”.
  • “Hay una fuerza en la naturaleza responsable de unir las moléculas de la materia: la electricidad”.
  • “Hay dos clases de electricidad que manifiestan ciertas partículas: positiva y negativa”.
  • “Hay dos clases de electricidad: corriente y estática”.
  • “Hay dos clases de electricidad: continua y alterna”.
  • “Hay muchas clases de electricidad: geoelectricidad, bioelectricidad, piezoelectricidad, triboelectricidad, mioelectricidad, fotoelectricidad, termoelectricidad, electricidad atmosférica”.
  • “La electricidad es solamente un área de estudio que puede dividirse arbitrariamente. Por ejemplo, en Electricidad básica, Electricidad intermedia, Electricidad avanzada”.
  • “Electricidad es la energía electromagnética invisible transmitida por generadores y pilas”.
  • “Electricidad es el plasma visible de los rayos, los relámpagos y las chispas”.
  • “Electricidad es el voltaje de un campo eléctrico”.
  • “Electricidad es la corriente eléctrica constituida por cargas en movimiento”.
  • “Electricidad es lo que venden las compañías eléctricas, cobrando la cantidad utilizada cada hora”.

Podría seguir… Estos significados y usos, para colmo, pueden presentarse de muy diversas maneras.

— La verdad es que reconozco varios… ¿Los obtuvo de las fuentes que mencionó?

— Sí, incluyendo artículos científicos, diccionarios y libros de texto de diferentes niveles académicos.

— ¿Y cada significado o uso es correcto por separado?

— Sí… si por “correcto” quiere decir que cada uno describe o alude a algún aspecto de la realidad aceptado por la ciencia. Pero para que esas alusiones sean correctas y coherentes en conjunto, en cada caso habría que asignarle a “electricidad” un sentido diferente… Y tenga en cuenta que en algún momento necesitará relacionarlos coherentemente entre sí y con otros conceptos.

Hombre apoyado en signo de pregunta

Usos y significados contradictorios de “electricidad”

[Luchando]

— Pero aun aceptando la inconveniencia de múltiples significados, se me ocurre que si cada fuente aclarara en qué sentido usa la palabra, no debería haber mayores problemas…

— Es que al afirmar que las fuentes difieren en el uso del vocablo, quise decir que

un mismo libro, un mismo artículo, un mismo docente, documental, científico, electricista, etc., suele referir realidades diferentes usando “electricidad”. Incluso es habitual que los diversos significados se utilicen en un mismo párrafo y hasta en una misma oración. Las diferencias no son sólo respecto del uso que hacen otros: son respecto de sí mismos.

— No puede ser… ¿Quién en su sano juicio utilizaría al mismo tiempo semejantes definiciones contradictorias o incoherentes?

— Deliberadamente, nadie. Involuntariamente, casi todos.

— Pero es común que en una lengua una misma palabra denote realidades diferentes sin tanto problema…

— Por supuesto. Un diccionario separa cada acepción, y quien use cualquiera de ellas puede aclarar explícitamente a cuál se refiere. También puede aclararlo implícitamente, rodeando la palabra del contexto apropiado para que pensemos en el mismo significado que pensó el emisor.

— ¿Y con la palabra “electricidad” no ocurre eso?

— No, debido a que:

  • Al usarla nadie suele aclarar explícitamente nada.
  • En los casos en que sí se explicita al principio un significado, después su uso suele contradecirlo o modificarlo.
  • En ambos casos el discurso suele saltar inadvertida e implícitamente de una definición a otra. Tanto que, como ya le comenté, una simple oración puede ser imposible de entender si el lector asignara a “electricidad” una misma definición (es decir, si asume que refiere la misma realidad, que es obviamente lo que asume quien intenta comprender).

[Desafiante]

— ¿Por ejemplo?

— A ver…

En un circuito, la gradual descarga del nivel de electricidad de la pila va generando una disminución de la electricidad que fluye en los cables, debido a lo cual la electricidad que llega a la lámpara y se convierte en luz es cada vez menor.
Electricidad: circuito con pila, cables y lámpara

Circuito eléctrico con pila, cables y lámpara

— Debo confesarle que no le veo nada de malo…

— Claro. Ése es uno de los síntomas del problema: no ve nada de malo porque en realidad no comprende lo que dije.

— ¿No…?

[Compadeciéndome]

— No, pero no es un problema suyo. Es frecuente que quienes se supone que saben del tema tampoco “vean nada de malo” al leer o al escribir expresiones semejantes. ¡Imagínese qué queda para Ud. o para un estudiante! Nadie podría transmitir ni comprender correctamente lo que sucede en el circuito mediante lo que dije, entre otras causas porque:

  • Hay personas que no podrán imaginar o concebir nada acerca de las realidades que supuestamente referí cada vez que dije “electricidad”.
  • Otras sí, aunque defectuosamente por tener que elegir entre estas dos malas opciones:
  • Asignarles el mismo significado a las tres “electricidades” (imaginando o concibiendo que son las mismas entidades o procesos los que “descargan la pila”, “fluyen en los cables” y “se convierten en luz”). Ese significado podría ser erróneo respecto de las tres realidades, pero aun cuando fuera compatible con una de estas, sería incompatible con las otras dos, que se estarían comprendiendo mal. ¿Por qué? ¡Porque las tres realidades son diferentes!
  • Asignarles un significado distinto a cada “electricidad” (representando de forma diversa la que se descarga en la pila, la que fluye en los cables y la que se convierte en luz). ¡El problema es que la misma palabra estaría aludiendo a realidades que tienen características incompatibles y hasta contradictorias entre sí!

— Pero supongamos que, en este último caso, lo que se imaginara o concibiera de cada “electricidad” se correspondiera adecuadamente con cada realidad. ¿Por qué sería un problema llamarlas a todas “electricidad”?

— Porque cuando se lea sobre alguna de esas características que mencioné o se intente incorporar un nuevo concepto asociado a “electricidad”, habrá que relacionarlo con eso que “se sabe”, lo que le traerá serios problemas.

— No lo entiendo bien… ¿No me puede dar un ejemplo?

— Bueno. Supongamos que la persona leyera más adelante que “la electricidad se transmite a la velocidad de la luz”…

Velocidad de la luz representada por rastros lumínicos en autopista obtenidos con fotografía de exposición prolongada

¿La electricidad se transmite a la velocidad de la luz?

Naturalmente sumará este nuevo concepto a cada una de esas tres “electricidades” aisladas que almacenó. ¡Pero esa afirmación es aplicable a sólo una de las tres! Y el ejemplo no aclara a cuál… La persona asignará a las otras dos “electricidades” una rapidez que no tienen. El perjuicio será doble, ¡porque habrá aumentado su incomprensión al mismo tiempo que su convicción de haber entendido algo más! Es sólo un ejemplo de las implicancias de asignar a “electricidad” múltiples significados incoherentes entre sí. En resumen, estamos como le dije al principio:

Si a la palabra “electricidad” se le asigna un solo significado, obviamente no puede  corresponderse con diversos aspectos de la realidad; y si se le otorgan muchos significados para que se correspondan con diversos aspectos, se convierte en algo imposible de comprender y de explicar.

[Cansado]

— Sí… Creo que entiendo… Con todo esto me duele un poco la cabeza, pero debo preguntarle: ¿y si se reservara la palabra para una sola de esas realidades y se usaran otras palabras para las demás?

— Podría ser, aunque ya la infección semántica está muy difundida. De hecho, los científicos prácticamente han abandonado la palabra “electricidad” debido a estos problemas, y usan otras para referir las realidades que le enumeré. Sin embargo, lo que Ud. sugiere es lo que los más destacados científicos que investigaron el tema hicieron en los comienzos de esta disciplina, confiriendo a “electricidad” un único y muy claro significado, además de utilizarlo coherentemente en sus trabajos.

[Esperanzado]

— ¿Ah, sí? ¿Y cuál era ese significado?

— Lamentablemente la respuesta no le sería de mucha ayuda sin entrar en largas aclaraciones para las cuales ahora carezco de tiempo, pues esas otras palabras también han sido contaminadas… Y en estos casos no sólo mediante diversas definiciones y usos contradictorios, sino con significados directamente erróneos respecto de la realidad subyacente a la que supuestamente aluden.

— ¡No puede ser!

— Y… sí.

[Indignado]

— ¿¡Por ejemplo!?

— “Corriente”, “estática”, “energía eléctrica”, “carga”, entre otras. Entonces, por ejemplo,

podría decirle que “electricidad” siempre aludió científicamente a “carga”, y le explicaría a qué me refiero con la palabra para que nos entendiéramos. Pero como Ud. no sabe que el término y sus derivados (“cargado”, “descargado”, “descarga”, “cargador”, etc.) se usan también con significados vagos y erróneos respecto de “carga”, si yo no invirtiera también tiempo en aclarárselos su incomprensión quedaría inconmovible.

Incluso si Ud. llegara a la sensación de haber comprendido, volvería a revelarse su confusión en cuanto leyera algo relacionado con el tema. Por ejemplo, supongo que le parece correcta una expresión como

La corriente fluye desde la batería, descargándola.

— La verdad que sí…

— La corrección que percibe se debe a su actual incomprensión, pero si acordáramos otorgar a “electricidad” el significado de “carga” pero no invirtiéramos tiempo en aclarar también otros términos problemáticos como “corriente”, “fluye”, “batería” y “descargándola”, ¡aun después de mi explicación esa expresión le seguiría pareciendo correcta!

[Agotado]

— Qué lo parió… ¿Y Ud. cómo hizo para eludir estos problemas?

— No los eludí.

Lo que le cuento es producto de haber sufrido y enfrentado la misma confusión e incomprensión que Ud., sólo que al intentar resolverlas encontré que la confusión e incomprensión ya estaban en casi todos los materiales destinados a subsanarlas. Es decir: habían sido en buena medida el origen de mi incomprensión.

Recuerde que todo este problema no es científico (aun cuando los científicos hayan colaborado bastante para generarlo, por acción o por omisión); es didáctico, educativo, divulgativo.

— ¿Y cómo hacía para reparar aparatos, realizar instalaciones eléctricas, construir robotitos, siendo Ud. producto de esa misma educación? ¿Tuvo que esperar a comprender?

[Risueño]

Electricidad: conflictos cognitivos disimulados, representados mediante una mujer que oculta la basura debajo de la alfombra

Barriendo los conflictos cognitivos debajo de la alfombra

— No. En lo conceptual, hice lo que hace cualquier persona en cualquier campo de estudio: poner a un lado los conflictos cognitivos que me generaban las dudas y contradicciones, manejándome hasta donde me era posible como si no existieran, barriéndolos debajo de la alfombra. En lo práctico, sin mayores inconvenientes, pues es evidente que Ud. sobreestima la importancia de la comprensión para lograr ser exitoso en una profesión u oficio. O incluso para enseñar ese mismo oficio o profesión…

— ¿Cómo que sobreestimo la importancia de la comprensión…? ¿¡A pesar de no comprender se puede trabajar e incluso enseñar lo que se comprende a medias…!?

— Por supuesto. ¿Nunca conoció a un docente o a un profesional que respondiera de forma oscura, incoherente y dudosa a sus preguntas, llevándolo a Ud. a sospechar que bajo ese conocimiento no había más conocimiento?

Todos tenemos niveles de incomprensión, incluso en el área de nuestro mayor conocimiento. Como le dije, esas incomprensiones no nos impiden ser técnica y socialmente competentes en esa área. En muchos casos basta con conocer un conjunto de situaciones y un conjunto de información para enfrentarlas, lo cual nos permite seguir comprendiendo confusamente los detalles o mecanismos subyacentes, o incluso concebirlos de manera errónea.

Lo que no quiere decir que aprender esas situaciones e informaciones sea tarea fácil o breve. Pueden llevar años de estudio, incluso universitario, sumados a muchos otros de ejercicio laboral. Según el área serán más sencillos o más complejos, pero siempre habrá asociado cierto nivel de incomprensión. Lo que asombra es que esos niveles a veces sean tan profundos; pero el mundo está lleno de incomprensión proactiva. Ya descubrió que yo soy un buen ejemplo: mi limitada competencia teórica no me impedía poseer suficiente competencia práctica en ésta como en otras áreas.

[Triste]

— Comprendo… ¿Y cómo pueden perdurar y seguir reproduciéndose esas contradicciones, esas incomprensiones, esos errores? ¿Por qué se siguen difundiendo aun en ámbitos educativos formales?

— La causas son múltiples y de diversa complejidad. Incluyen facilismo, tradición, hábitos, intereses comerciales antepuestos a los educativos, prejuicios.

Una de las causas más relevantes de que las cosas sigan igual es el principio de autoridad. Lo que dicen los libros no puede estar mal; lo que repiten los docentes tiene que ser correcto; la palabra de cierto científico es La Palabra; lo que “siempre se hizo así” debe estar bien. Si Ud. no entiende la “electricidad”, es su culpa.
El físico y premio Nobel Richard Feynman tocando el bongó

Richard Feynman, premio Nobel de física

Mire: cuando ya había sido premiado con el premio Nobel de Física, Richard Feynman aceptó formar parte del comité estatal que en Estados Unidos evaluaba los libros de texto de ciencia provenientes de las editoriales. Se escandalizó con las anomalías, incoherencias, errores y falencias lógicas que encontró en todos ellos en física y las informó de diversas maneras. Décadas más tarde todavía no se habían logrado cambios sustanciales a pesar de muchas denuncias. Pero no crea que este problema se limita a la divulgación del tema que estamos tratando o a la enseñanza de la física. Infecta la difusión y aplicación del conocimiento en general. Por ejemplo, en medicina.

[Estupefacto]

— ¿¡En medicina!?

— Sí. ¿No escuchó hablar de la “medicina basada en evidencia”?

— No…

— No importa. ¿La expresión no le sugiere nada?

— Me parece un poco absurda, porque ¿en qué se va a basar, si no?

— Exactamente…

— ¿Quiere decir que antes se basaba en lo que decía una autoridad?

— En buena medida. Por ejemplo, en lo que decía el jefe, en lo que sostenían ciertos libros o celebridades, en lo que “se acostumbraba hacer” incluso a pesar de existir ya evidencia contradictoria o de tener severas debilidades lógicas.

A finales del siglo XX hubo la necesidad de fortalecer y difundir una corriente educativa y profesional en medicina que se basara en evidencia científica.

— ¿¡Todavía a finales del siglo XX?! Increíble.

[Sincerándome]

— No tanto… Si bien somos víctimas del pensamiento acrítico, también lo usamos convenientemente para ser victimarios: yo estuve a punto de responderle con cualquiera de las definiciones de “electricidad” para sacármelo de encima. Fíjese el tiempo y esfuerzo que me hubiera ahorrado. Pero,

en general, los victimarios son inconscientes de que lo son: la mayoría de los educadores, de los escritores, de los periodistas científicos, probablemente también la mayoría de los editores tienden a reproducir, a copiar, a repetir, sin sospechar que son parte de una maquinaria acrítica.

— ¿Y ahora Ud. cree comprender qué es la “electricidad”?

— Lo que comprendo es que antes tenía conocimiento incoherente y que ahora tengo conocimiento menos incoherente. Fui notando hasta qué punto no comprendía lo que conocía, lo cual me condujo a ajustar mi modelo mental de modo que sus elementos se correspondieran cada vez más entre sí y con los hechos aceptados. También me es más evidente cuánto todavía ignoro o cuánto no puedo conciliar, pero porque ahora noto que hay conceptos y procedimientos que “funcionan” sin saber por qué o cómo lo hacen. Y sabemos que es un avance saber cuánto no se sabe…

[Humildes]

— Entonces, si no puede explicarme la electricidad, ¿al menos podría divulgar parte de su menor ignorancia acerca del tema?

— Sí, eso puedo…

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