Ficción

Imaginación

De Diario sin fechas

Imaginación en diario manuscrito en cuaderno universitario anillado

Diario sin fechas

Me distraje con un hombre regordete, pelado, inexpresivo, que se sentó en el medio del bar. Pidió un café y se quedó un rato con los brazos extendidos sobre la mesa. De pronto extrajo unos anteojos de un bolsillo superior de su campera, los abrió en el aire con un latigazo de la mano y se los colocó de golpe. Levantó la cabeza hacia el televisor y volvió a depositar el brazo en la mesa, cerca del otro, quedándose inmóvil.

En el instante en que voy a volver la mirada a mi libro, la boca se le arquea hacia abajo, las cejas se le juntan y noto que sus mandíbulas se aprietan. Balbucea indignado. Mueve los labios y emite insultos sordos. Hay un noticiero pero el sonido está apagado. Hay unos títulos que no llego a leer desde donde estoy. Le traen el café y eso hace que vuelva de a poco a su inexpresividad.

Nuevamente estoy por retornar a la lectura cuando empuja con sus piernas la silla hacia atrás (las manos seguían sobre la mesa). Se para. Se acerca a otra donde alguien ha dejado uno de los periódicos que el bar posee para los clientes, lo recoge y vuelve. Lo deja caer en su mesa (no lo apoya) y se sienta arrastrando la silla hacia adelante. Con movimientos urgentes se quita los anteojos, los introduce en el bolsillo superior izquierdo de su campera, mete la mano en el derecho, extrae otros anteojos y se los coloca. Las dos manos alzan el periódico, lo despliegan en el aire mediante un movimiento enérgico y durante un rato todo se congela. No, todo no: veo sus ojitos moviéndose con vivacidad de lado a lado y de arriba abajo.

Momentos después su cara vuelve a arrugarse con violencia. Dobla el periódico y lo tira detrás de la taza de café mientras insulta en voz baja. Queda mirando el vacío con los puños cerrados sobre la mesa y la indignación petrificada.

Acerca el café, le echa azúcar, revuelve enérgicamente, deja caer la cucharita que tintinea, se lleva el pocillo a la boca, eleva la cabeza hacia la pantalla del televisor y de pronto se detiene: mueve los labios junto al borde de la taza como si dijera algo, después los aprieta, deposita el pocillo sin tomar, se saca los anteojos bruscamente, los introduce en el bolsillo vacío, extrae los otros, se los coloca, levanta el pocillo y toma traguitos mientras eleva la vista. Noto que las imágenes han cambiado pero sigo sin poder leer los títulos que las acompañan. La cara del hombre se hace inexpresiva, sosteniendo la tacita en el aire. De pronto fija la mirada en el cielorraso, emite un insulto más audible que antes y da un golpe a la mesa con la mano libre al tiempo que apoya la tacita. Gira la cabeza hacia la barra pero la mirada del cajero está en otra parte; no puede convertirlo en cómplice. Se acomoda las mangas de la campera con tirones enérgicos acompañados de insultos bajos. Sus movimientos son los de un pájaro. Su cabeza retorna de la barra y de pronto me mira sin darme tiempo a esquivarlo. Bajo la mirada al libro y espero. Cuando vuelvo a mirarlo sus ojos ya están en el televisor. Continúa con sus movimientos repentinos, indignados, ofendidos. Su atención pajaril no puede mantenerse mucho en algo: salta de una cosa a otra. A alguien desprevenido le parecería que es el mundo exterior el que la subyuga, el que la dirige. No. Su atención está casi constantemente volcada hacia adentro, hacia él mismo, observando la pantalla de su imaginación. Sólo percibe lo que mira de a ratitos, brevemente, pero sólo hasta que los pensamientos vuelven a dominarlo, dictándole y disparándole imágenes internas que debe atender.

Me irrita.

En realidad me ha irritado hasta recién. Ahora además noto que me irrita. Entonces la irritación disminuye.

Intento recordar la voz que estaba en mi cabeza mientras lo miraba… Decía algo así: “Este hombre es un títere de su imaginación. Las noticias lo arrastran por diversos estados de ánimo como un trapo. ¿No se da cuenta de que es un esclavo? ¿No se da cuenta de que esos pensamientos se introducen en su cabeza como insectos, como virus que infectan su mente? Es de los que luego quieren hacernos creer que tienen opiniones propias, que no son meramente el producto de reacciones al entorno”.

Intento recordar las imágenes que estaba viendo en mi cabeza: acercándome con energía a su mesa le quitaba ambos anteojos y los estrellaba contra el piso. Él me miraba entonces como si hubiera sido pescado en falta, admitiendo con su expresión mi capacidad sobrehumana para descubrir lo que ocurría en su interior.

La voz y las imágenes ya se han apagado….

Lo miro. Siento en mi rostro que algo se afloja, que se diluye una tensión que habían adquirido mis gestos. Ahora lo miro con ojos blandos. Siento una especie de angustia leve mezclada con una afinidad: comienzo a compadecerme de él…

Ahora comienzo, también, a compadecerme de mí mismo… Lo juzgo y censuro, pero veo que es sólo una caricatura… mi caricatura.

Su imaginación traducida en murmuraciones, en gestos, en ademanes, no son sino la exageración de mi propia imaginación que, en todo caso, no se exterioriza con tanta facilidad. Su indignación, su molestia, no es sino el reflejo deformado de las mías. Lo desprecio por el descontrol que le causan las noticias, sin ver que su estado me causa el mismo efecto, el mismo descontrol.

En un intento desesperado para no sentirme reflejado, de pronto juzgo inferiores sus causas. Califico como burdas y directas las suyas, como sutiles e indirectas las mías; pero es inútil: ya no puedo justificarme exitosamente. Un velo se ha corrido.

2 comentarios

  • Gregorio

    Excelente! No sé si será adecuada mi comprensión de tu escrito, pero mi lectura es esta: para mi, es una clara muestra de la realidad en la que todos vivimos algunas veces, no percatándonos de que no estamos haciendo otra cosa que juzgar nuestro propio reflejo personificado.

    • Qué bueno que te haya gustado.
      En escritos de cualquier género la interpretación no es propiedad exclusiva del autor, pero eso es más verdadero en ficción. Tu interpretación coincide en gran medida con la mía y me parece buenísima, pero no por juzgarla “adecuada” o “inadecuada” (si es que tal cosa existiera en estos casos) sino porque me permite comprobar que nace de una experiencia que compartís, es decir, de algo que comprendemos vivencialmente de forma parecida.
      Como digo en la presentación de esta sección “Ficción”, en gran medida escribo justamente para comprender mejor; y como digo en la presentación del blog, exponer estas comprensiones me permiten mejorarlas, porque los demás nos permiten entender mejor.
      Gracias entonces por colaborar con el mejoramiento de mi comprensión a través de tus comentarios.

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