Citas y selecciones

Si no eres creyente, le buscas a Dios un sustituto – Orson Welles – Henry Jaglom – Mis almuerzos con Orson Welles

Si no eres creyente, le buscas a Dios un sustituto - Orson Welles

Orson Welles

«[…] con mucha frecuencia las personas menos religiosas son las más supersticiosas. Has más videntes en París que en cualquier otra ciudad del mundo, cuatro videntes por cada médico, y eso que los franceses no creen en Dios. Es lo que dijo el viejo Chesterton: “Cuando no crees en Dios, crees en cualquier cosa”. Y es verdad, porque si no eres creyente, le buscas a Dios un sustituto para todos los misterios del mundo, aunque sea la mayor tontería».

Orson Welles

Autoindulgencia y egoísmo

Autoindulgencia y egoísmo

Henry Jaglom
Mis almuerzos con Orson Welles
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Espíritu religioso – Ernesto Sabato – Carlos Catania – Entre la letra y la sangre

Ernesto Sabato

Ernesto Sabato

-¿Hay que creer en Dios para ser considerado un espíritu religioso?

-Una mujer que fue santificada, Santa Teresita de Lisieux, hasta su muerte tuvo grandes dudas sobre la existencia de un ser supremo. Un espíritu religioso no es alguien que necesariamente cree en Dios, sino alguien que vive preocupado y atormentado por el problema. Un auténtico ateo debe ser ateo a secas; si es ateo de manera enérgica y hasta violenta ya es un espíritu religioso”.

Ernesto Sabato

 

Entre la letra y la sangre

Carlos Catania

Carlos Catania
Entre la letra y la sangre
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No negaré mi propio deseo personal – Andrew Kevin Walker – Pecados capitales – Seven

Pecados capitales“JOHN DOE

No negaré mi propio deseo personal de enfrentar
cada pecado contra el pecador. Yo sólo llevé
sus pecados a conclusiones lógicas.

MILLS

Usted sólo ha asesinado un montón de personas inocentes
porque así podía excitarse. Eso es
todo.

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Letanías a Jesús | Almafuerte

Almafuerte

Almafuerte

Jesús de Galilea
para mí no eres Dios;
eres sólo una idea
de la que marcho en pos.

No me humillo ni ruego
a tus plantas, Jesús;
llego a ti como un ciego
que va en busca de luz.

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Ajedrez | Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

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Dios | Girolamo Savonarola

Girolamo Savonarola

Girolamo Savonarola

Dicen que no comprendo Tu Existencia,
que el fuego de los réprobos me quema,
que mi lengua sin cesar blasfema
y que no entiendo la palabra DIOS.

Dicen que no Te busco ni Te imploro
Ni Tus Grandezas infinitas veo,
Dicen que tengo el corazón de ateo
Y que mi labio te maldice. NO!

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Confesaría haber matado a Nuestro Señor – Aimery de Villiers-le-Duc – Declaraciones – Umberto Eco – El péndulo de Foucault

Aimery de Villiers-le-Duc«“Afirma que el día antes había visto cómo llevaban a la hoguera a cincuenta y cuatro hermanos de la Orden porque no habían querido confesar los mencionados errores, y que había oído decir que los habían quemado, y que él, no estando seguro de poder resistir en caso de que lo quemaran, confesaría por miedo a la muerte, en presencia de los señores comisarios y de cualquier otra persona, si lo interrogaban, que todos los errores imputados a la Orden eran ciertos y que él, si se lo pedían, también habría confesado que había matado a Nuestro Señor”.

Aimery de Villiers-le-Duc,
Declaraciones del 13 de mayo de 1310
».

 

El pendulo de Foucault
Umberto Eco

Umberto Eco

Umberto Eco
El péndulo de Foucault
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Valores | Ernesto Sabato

Uno y el universo

Ernesto Sabato

Ernesto Sabato

“En la historia del pensamiento nos encontramos a menudo con la ingenuidad de atribuir a Dios nuestros prejuicios éticos o estéticos. Cuando encontramos alguna ley natural que nos halaga o satisface, nos sentimos inclinados a pensar que es una prueba de la existencia de Dios; vanidosamente, el hombre piensa que sólo una divinidad puede conformar sus gustos. Cuando Maupertuis descubrió el principio de la Mínima Acción, sostuvo que era la mejor prueba de la existencia de un Espíritu Ordenador. No veo por qué —sin embargo— algo que satisface la pobre y limitada mente del hombre ha de ser forzosamente obra de dioses. Vanidad semejante a la que experimentamos cuando un autor nos parece inteligente porque piensa como nosotros”.

Ernesto Sabato
“Valores”, Uno y el Universo

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El llanto de Satanás – Milton – El paraíso perdido

Milton

Milton

El paraíso perdido

El paraíso perdido

“Su mirada era cruel; sin embargo, se escapaban de ella señales de remordimiento y de compasión cuando contemplaba a los que participaron o, más bien, a los que siguieron su crimen, y que habiéndolos visto en otro tiempo bien diferentes en la bienaventuranza, estaban ahora condenados para siempre a tener su parte en el sufrimiento; millones de espíritus, puestos por su culpa bajo la acción vengadora del cielo, lanzados lejos de sus eternos esplendores en castigo de su rebelión, y que a pesar de haberse mancillado le permanecían fieles. […].

Satanás se prepara a hablar, por lo cual las dobles filas de los batallones forman un arco desde una a otra ala y lo rodean sus pares, imponiéndoles silencio la atención. Tres veces intenta comenzar, y otras tantas, a despecho de su orgullo, exhala un llanto como sólo pueden derramarlo los ángeles”.

Milton
El paraíso perdido

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La felicidad perdida – Milton – El paraíso perdido

El paraíso perdido

El paraíso perdido

Milton

Milton

“La potestad suprema lo arrojó de cabeza, envuelto en llamas, desde la bóveda etérea; repugnante y ardiendo, cayó en el abismo sin fondo de la perdición, para permanecer allí cargado de cadenas de diamantes, en el fuego que castiga; él, que había osado desafiar las armas del Todopoderoso, permaneció tendido y revolcándose en el abismo ardiente, juntamente con su banda infernal, nueve veces el espacio de tiempo que miden el día y la noche entre los mortales, conservando, empero, su inmortalidad. Su sentencia, sin embargo, le tenía reservado mayor despecho, porque el doble pensamiento de la felicidad perdida y de un dolor perpetuo lo atormentaba sin tregua”.

Milton
El paraíso perdido