El fracaso del feminismo | Kay Ebeling

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«NUEVA YORK (Newsweek).- Días pasados tuve la cita con un muchacho más corta de mi vida. Un yuppie, importante funcionario de un banco, me sometió a un test de 50 minutos y luego se fue.

Cuando se inició el encuentro suspiró, arrojó su abultada agenda sobre la mesa y comenzó a interrogarme mientras observaba mis reacciones como si fuera una entrevista de trabajo. Después volvió a suspirar y se fue a su siguiente cita. Había concedido a la relación menos de una hora para resolver si había posibilidades de romance.

Su partida fue tan violenta que me dio un portazo en la cara. Durante el tiempo que estuvimos juntos la conversación se centralizó en las más recientes innovaciones de la relación hombre-mujer. Tenía 40 años: por lo tanto era integrante de la generación experimental y un apasionado buscador de nuevos modos de interacción entre los sexos, ahora que no existen patrones fijos que funcionen.

Había estado soltero por 16 años y convivido en ese lapso con diferentes mujeres. Esa tarde estaba planificando un fin de semana en un centro de esquí. Yo también soy de la generación experimental y, sin embargo, no puedo pagarme ni un trago. Para mí, el feminismo atentó contra las mujeres.

En 1973 abandoné lo que pudo haber sido un buen matrimonio: me llevé un bebé de pecho, un auto viejo y el número 1 del primer volumen de Ms. Magazine. Estaba convencida de que podía arreglármelas sola. En los últimos 15 años mi ex pareja se casó y vivió con varias mujeres. Aunque él envejece, sus compañeras siempre tienen 20 años. Yo estuve siempre sola. El maneja un BMW; yo ando en ómnibus.

La gran diferencia

Ahora creo que el feminismo es el gran experimento que fracasó, y a las mujeres de mi generación como sus víctimas. Muchas de nosotras, yo inclusive, estamos condenadas a educar solas a nuestros hijos. Al mismo tiempo, los hombres solteros de nuestra época amasaron fortunas y hacen todo lo que quieren.

En realidad, el feminismo liberó al hombre y no a la mujer. Ahora los varones están eximidos del aburrimiento de una esposa y de mantener a una familia. Desde que nace su hijo, si la cintura de su esposa no vuelve a los 60 centímetros, el marido puede irse a buscar una compañera más esbelta. Para su cónyuge, atada a su hijo, encontrar nueva pareja es mucho más difícil.

El principal mensaje del feminismo era: “Nosotras no necesitamos a los hombres”.

Recuerden la frase humorística de la década del 70: “Una mujer sin hombre es como un pez sin bicicleta” Esa broma circulaba entre los grupos intelectuales, e integraba una filosofía que convertía al divorcio y a la convivencia en algo casual y rutinario.

El feminismo volvió disponibles a las mujeres y por eso hoy muchas de las que tenemos alrededor de 40 andamos solas y con un par de hijos que criar por nuestra cuenta. Las cuotas por alimentos apenas alcanzan para un par de zapatos, pese a que el feminismo dio a los varones todas las ventajas económicas y personales sobre las mujeres. Y los que es peor, nosotras lo pedimos.

Decidimos que no necesitábamos una familia estructurada para educar a los hijos y por eso los llevábamos a guarderías donde los atendían profesionales. Después nos pusimos nuestros trajes, nuestra corbatas, tomamos nuestros portafolios y nos lanzamos entusiastamente a vivir el gran experimento, convencidas de que no había diferencias entre nosotras y nuestros compañeros de oficina.

Razones biológicas

¡Qué equivocadas estábamos! Porque, nos guste o no, las mujeres engendramos hijos. Es un hecho biológico: nacimos con órganos que sirven para eso. La verdad es que la mujer no puede asumir la tesis del feminismo si no renuncia a la maternidad. Si quiere triunfar debe tomar anticonceptivos de por vida o hacerse ligar las trompas desde muy joven.

Sólo entonces puede competir de igual a igual con los muchachos sin interrumpir su carrera y así, a los 30 años, pagarse también ella un fin de semana de esquí.

Consecuencia actual del feminismo: un montón de mujeres frenéticas y extenuadas distribuyendo chicos en guarderías para después salir corriendo a empleos mal pagos y que ni siquiera les gustan. Duermen sólo cinco horas por día y se les nota en la cara. ¡Y pensar que creían que no necesitaban marido…!

Yo no quiero que retrocedamos a la mujer superficial de la década del 50, que perdía sus tardes en frivolidades. Después de la Segunda Guerra Mundial las mujeres se encontraron con mucho tiempo libre y la verdad es que no fueron muy creativas con él. Tal vez el feminismo fue una reacción contra esa superficialidad. Si es así, cumplieron su cometido.

Las mujeres deben cultivarse para poder educar a sus hijos más inteligentemente. Pueden hacer pequeños negocios, ser consultoras o tal vez escribir free-lance desde sus casas. Pero ellas no pertenecen al mundo ejecutivo de las 12 horas de trabajo y no entiendo qué nos hizo pensar que sí.

Mientras la biología exista, las mujeres no serán iguales a los hombres. No se puede hacer algo proporcional con partes desiguales. La economía se beneficiaría mucho si algunas mujeres volvieran a sus casas y dejaran sus puestos a los hombres desempleados, que entonces podrían mantener a sus esposas y a sus hijas como ocurría antes del feminismo.

A veces, los sábados por la noche, me visto y voy a bailar o al teatro, pero la visión de las mujeres de mi edad ridículamente vestidas y maquilladas como jovencitas, tratando de disimular sus arrugas, mientras fingen sentirse felices y ganadoras, me deprime. Termino volviendo a mi casa a pasar la noche con mi hija y viendo televisión mientras ella duerme en el cuarto de al lado. Al menos los programas nocturnos están dirigidos a mujeres solitarias como yo”.

Kay Ebeling
“El fracaso del feminismo”
La Nación, 31 de enero de 1992

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2 COMENTARIOS

  1. Soy hombre y no lo suficientemente afín como para considerarme feminista, pero se nota que está mujer no es víctima del feminismo si no de su propia ignorancia, baja autoestima y flaqueza intelectual. Un texto para nada actual y demasiado desconsiderado para tomarlo en cuenta. No se si esta «feminista arrepentida» sabrá lo que me es un aborto y el problema de la menor remuneración al trabajo que sufren las mujeres, en todo caso el problema es externo, los subsidios que menciona por ejemplo… no sé, pero culpar al feminismo casi sugiriendo una regresión a un matrimonio monógamo fallido? Hacia donde vamos… Por favor. La frustración de una solterona con hijos que necesita ayuda psicológica no tiene que ver con lo pretendido, al contrario… mucho menos puede ser tomando como un argumento lógico y de peso. Qué se yo.

    • Lo que me hizo tomar en cuenta el texto de Ebeling es sobre todo que me ayudó (y ayuda a otros) a pensar. Incluso en el desacuerdo parcial o total (como me pasa incluso con varias de las citas que yo mismo he publicado, también por cambios experimentados por mí a lo largo de los años). Su testimonio de vida me sigue ayudando a recordar mi propia ignorancia y mis propias convicciones intelectuales que creía (y quería) inamovibles…

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