Obstinación paradójica | Carlos B. González Pecotche

Obstinación paradójica | Carlos B. González Pecotche
Carlos Bernardo González Pecotche

Obstinación paradójica | Carlos B. González Pecotche

«El prejuicio es como la ventanilla del tren que bajamos exprofeso para no ver una zona que creíamos fea o de escaso interés, sucediendo con frecuencia que en tal circunstancia ese paraje habría podido ofrecernos, debido a su eventual transformación, una vista más agradable.

Tú me quieres blanca | Alfonsina Storni

Alfonsina Storni
Alfonsina Storni
Alfonsina Storni
Alfonsina Storni

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue
Corola cerrada.

Sobreviviré [I will survive] | Gloria Gaynor

Gloria Gaynor
Gloria Gaynor

Al principio tenía miedo,
estaba petrificada
Me quedé pensando que nunca podría vivir
sin ti a mi lado
Pero entonces pasé tantas noches
pensando cómo me hiciste mal
Que me volví más fuerte
Que aprendí cómo continuar

Valores | Ernesto Sabato

Uno y el universo

Ernesto Sabato
Ernesto Sabato

“En la historia del pensamiento nos encontramos a menudo con la ingenuidad de atribuir a Dios nuestros prejuicios éticos o estéticos. Cuando encontramos alguna ley natural que nos halaga o satisface, nos sentimos inclinados a pensar que es una prueba de la existencia de Dios; vanidosamente, el hombre piensa que sólo una divinidad puede conformar sus gustos. Cuando Maupertuis descubrió el principio de la Mínima Acción, sostuvo que era la mejor prueba de la existencia de un Espíritu Ordenador. No veo por qué —sin embargo— algo que satisface la pobre y limitada mente del hombre ha de ser forzosamente obra de dioses. Vanidad semejante a la que experimentamos cuando un autor nos parece inteligente porque piensa como nosotros”.

Ernesto Sabato
«Valores», Uno y el Universo

El crimen fue en Granada | Antonio Machado

Antonio Machado
Antonio Machado

A Federico García Lorca

I. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.

Poema XX – Pablo Neruda

Pablo Neruda
Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

Galileo | Ernesto Sabato

Ernesto Sabato
Ernesto Sabato

“Galileo fue escasamente lo que se llama una persona bien educada. Ya antes de ser profesor en la Universidad de Pisa era famoso por sus bromas contra la escuela aristotélica; cuando comenzó a enseñar en la facultad declaró que las teorías de Aristóteles no eran dignas del menor respeto; escribió un libro en que Uno y el universoridiculizaba el afán académico por la toga; salía a beber con sus alumnos; componía versos de amor; armaba pendencia con los colegas peripatéticos y se divertía en refutar sus teoría arrojando piedras desde lo alto de la torre inclinada. En pocas palabras: usó los métodos más eficaces para lograr mala fama en los círculos filosóficamente decentes de la ciudad de Pisa.

El guapo | Evaristo Carriego

Evaristo Carriego
Evaristo Carriego
Evaristo Carriego
Evaristo Carriego

A la memoria de San Juan Moreira
Muy devotamente.

El barrio le admira. Cultor del coraje,
conquistó, a la larga, renombre de osado;
se impuso en cien riñas entre el compadraje
y de las prisiones salió consagrado.

Caupolicán | Rubén Darío

Rubén Darío
Rubén Darío

A Enrique Hernández Miyares

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Fundación mítica de Buenos Aires | Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

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