Siliconas | Dra. María Alejandra Filiberti

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“Señor Director:

Mi nombre es María Alejandra Filiberti, tengo 35 años y soy médica anestesióloga. Esta historia comienza hace casi 20 años, cuando me resigné a que mi pubertad terminara sin que mis senos crecieran. Desde ese momento consideré que algún día, cuando pudiera, aumentaría su volumen con las, hasta ese momento conocidas como solución milagrosa e inofensiva, prótesis de siliconas. Por fin el 15 de octubre de 1988, cuando tenía 23 y estaba a punto de recibirme de médica, llegó el ansiado momento. ¡Qué alegría indescriptible salir del quirófano! Sin conocer los riesgos a los que me empezaba a exponer y sin imaginar los calvarios que me esperaban, me contemplaba frente al espejo extasiada, feliz, ignorante…

Pero ahí comenzó el primer calvario: cirugía en marzo de 1990 para arreglar. Cirugía en octubre de 1991 para arreglar y cambiar prótesis. Cirugía en diciembre de 1992 para volver a arreglar. Hasta que una mañana de diciembre de 1993 despierto con un tumor y mucho dolor en el brazo derecho. Pasaban los días y el tumor se movía hacia el codo. ¡No puede ser! Pero era cierto: la prótesis de la mama derecha se había roto y su contenido había migrado al brazo. ¡Qué raro!, me decían. Y nuevamente al quirófano para retirar lo que se pudiera de ese pegote de mi brazo. Nuevas y viejas complicaciones: cápsulas, asimetrías, hernias, dolor, trastornos de la sensibilidad de la piel, trastornos neurológicos en el brazo, miedo, depresión, y el comienzo del segundo calvario: el judicial penal. En septiembre de 1994 querello a las empresas importadora y vendedora de esos nefastos y engañosos productos. Año tras año se sumaban los trastornos físicos y psicológicos. En marzo de 1997 nace mi hijo y comienza el tercer calvario: el análisis de mi leche arroja resultados lapidarios. La concentración de silicio (elemento químico que constituye el 20% del peso de la silicona) estaba aumentada 1.000.000 de veces respecto de la leche normal, motivo por el cual nos vimos privados mi hijo y yo de un maravilloso momento. Inicié juicio civil, que aún continúa junto a los tres calvarios mencionados. Por fin, reconociendo mi derrota frente a esas “inofensivas bolsitas”, el 22 de septiembre de 2000 me las extraigo definitivamente, 18 días después de someterme a una operación de cuatro horas para intentar liberar a mi brazo derecho de las decenas de tumores y gran cantidad de siliconas que aún tenían.

Resumiendo: por querer verme más bella gané 7 intervenciones quirúrgicas con sus respectivas anestesias generales; 4 cicatrices de 5 centímetros cada una en mis mamas más una cicatriz de 20 centímetros en el brazo derecho; una anatomía deshecha tanto por fuera como por dentro de mis mamas y mi brazo; partes de mi cuerpo llenas de sustancia extraña que no podré eliminar nunca; un estado psicológico alterado; una vida sexual normal imposible de realizar; un matrimonio que se fue por la borda; un hijo que no pudo recibir el mejor alimento que le brinda la naturaleza; litros y litros de lágrimas; meses de insomnio; odio a los espejos; muchos días laborales perdidos; meses de viajes a Tribunales; kilómetros caminados en los pasillos de ese palacio que está frente a plaza Lavalle y donde nos quieren hacer creer que trabajan para hacer justicia… Este es el pequeño relato de cómo una joven cambió su vida (y otras vidas también) por creer que lo que se ve en el espejo sirve para hacernos más felices, sin entender que lo que debemos mejorar es nuestro interior, que es lo único de nosotros que trasciende el espacio, el tiempo y los corazones de los otros».

Dra. María Alejandra Filiberti
DNI 17.291.220
Cartas de lectores, Revista La Nación (2000)

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He intentado comprender y comprenderme. Por curiosidad, por beneficios prácticos, por necesidades vitales. Cada avance involucró mucha ayuda. Buena parte la recibí leyendo, de seres que no conocí en persona (muchos han muerto antes de que naciera). Escribir, incluso ficción, también constituyó en gran medida una forma de comprender. Aquí encontrarán una parte de esas lecturas y de mi escritura, con un doble propósito: - Compartirlas, por si pudieran ayudar a otros. - Mejorar mis comprensiones exponiéndolas, porque los demás nos permiten entender mejor.

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