

“Resultaría desolador para los sentimientos de muchas damas poder comprender cuán poco el corazón del varón se ve afectado por lo que es costoso o nuevo en su atuendo; cuán poco es influido por la textura de su muselina, y cuán inmune es a sentir un afecto particular por los lunares, las puntillas, el tejido fino o grueso. La mujer debe saber que se viste bien sólo para su propia satisfacción. Ningún hombre la mirará mejor, a ninguna mujer le agradará más”.