
“La mente de Kepler era bastante original. Originalmente llegó a apoyar la hipótesis copernicana más por culto al sol que por otros motivos más racionales. En la labor que condujo al descubrimiento de sus tres leyes, fue guiado por la hipótesis fantástica de la existencia de alguna conexión entre los cinco cuerpos regulares y los cinco planetas, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Es un ejemplo extremo de algo nada infrecuente en la historia de la ciencia, a saber: que teorías que resultan verdaderas e importantes son primero sugeridas a la mente de sus descubridores por consideraciones enteramente arbitrarias y absurdas”.
