
“También aprendió Siddhartha que después de cada fiesta de amor, los amantes no debían separarse sin haberse admirado mutuamente, con la impresión de haber sido vencidos en la misma medida en que vencían; y que por sobre todo no se debía suscitar en la pareja ese desagradable sentimiento de saciedad desmedida y de abandono, que pudiera hacer creer en un abuso por parte de uno o de otro”.
